Las disonancias
Webern y Mozart

Las disonancias

 

Programa….

    I
    Anton Webern (1883-1945)
    Sechs Bagatellen op.9 para cuarteto de cuerda

      1. Mäßig
      2. Leicht bewegt
      3. Ziemlich fließend
      4. Sehr langsam
      5. Äußerst langsam
      6. Fließend

    II
    Wolfgang Amadeus Mozart (1756 1795)
    Cuarteto de cuerda nº 19 en do mayor K. 465 (1773)

      Adagio
      Allegro
      Andante Cantabile
      Menuetto – Trío
      Allegro

 

 

Notas al programa….

 
Anton Webern

E

l el contexto que corresponde al amplio término del post-romanticismo incide una época en la que imperan las obras musicales extensas, descomunales estructuras, que superaban la hora de duración, donde encontramos desde músicas del pueblo y marchas hasta obras con la técnica contrapuntística más refinada. Entre los años 1910 y 1914, Webern se preocupa especialmente por el mundo de lo breve. En dicho período compuso sus obras más importantes en lo que su condensación musical respecta. Así como Malher quiso que sus sinfonías fueran un universo en sí mismo, el compositor austríaco también quiso meter el mundo en sus obras, pero uno microscópico, en obras diminutas (algunas no llegaban al medio minuto).
Sonido y silencio en sí mismos son los elementos más importantes en el proceso de composición de esta obra, cuyo fin de elaboración sería conseguir tal nivel de compresión concentración y concisión en la música, raros de encontrar. Así, con respecto al primer elemento de los mencionados, podemos destacar la forma en que las notas son abordadas por el instrumento, mediante legatos, pizzicatos o armónicos, tocando cerca del puente, pudiendo apreciar como consecuencia la forma en que el sonido se mantiene, se transforma y decae. Por ello, podemos apreciar esa concepción puntillística de la música. Sobre el segundo, el silencio, que enfatiza el sonido mediante su ausencia, dándole esa individualidad, aisládolo. Webern llena de silencios sus partituras, a veces acumulándose en cada uno de los instrumentos, otras veces repartiéndose entre ellos, creando un tejido de sonido que se mantiene ya que los intrumentos suenan y enmudecen continuamente. Esta obra puede considerarse como el culmen de la música en miniatura de Webern, pues en ella muestra una nueva forma de presentar y de presenciar los sonidos.

Arnold Schönberg

«Schönberg declara lo importante que es saber apreciar esa brevedad en esta música: «Cada mirada puede convertirse en un poema, cada suspiro en una novela. Pero para encerrar toda una novela en un simple gesto, toda la felicidad en un solo suspiro, hace falta una concentración que destierre toda expansión sentimental. Estas piezas únicamente serán comprendidas por los que creen que sólo podemos expresar con sonidos lo que no puede expresarse más que con sonidos.». >.

Schönberg declara lo importante que es saber apreciar esa brevedad en esta música: «Cada mirada puede convertirse en un poema, cada suspiro en una novela. Pero para encerrar toda una novela en un simple gesto, toda la felicidad en un solo suspiro, hace falta una concentración que destierre toda expansión sentimental. Estas piezas únicamente serán comprendidas por los que creen que sólo podemos expresar con sonidos lo que no puede expresarse más que con sonidos. Resistirán tan poco a la crítica como a esta propia creencia o a cualquier otra. Si la fe puede mover montañas, la incredulidad puede impedir su existencia. Contra tal impotencia la fe es impotente. Desde ese momento, ¿sabrá el intéprete cómo ejecutar estas piezas? Y el oyente, ¿cómo debe acogerlas? Los intérpretes y oyentes que posean fe, ¿se comunicarán entre ellos? Pero, ¿qué pasará con los paganos? El hierro y el fuego les dejará tranquilos. ¡Pudiera este silencio hacerse escuchar por ellos!».

Las disonancias

El Cuarteto de cuerda n.º 19 en do mayor, K. 465, más conocido como el Cuarteto de las disonancias, destaca como una obra emblemática en el repertorio de música de cámara de Wolfgang Amadeus Mozart. Fue iniciado en el año 1784 y completado en enero del siguiente año. Su breve y ligeramente disonante y dramática introducción contrasta con la serenidad, alegría y elegancia del resto de la obra en la que el autor experimenta con nuevas formas y estructuras.

«La amistad entre Mozart y Haydn es uno de los momentos más celebrables de la historia de la música. La humildad propia y admiración mutua que se prestaban, les permitía aprender el uno del otro, en una carrera sin vencedores ni vencidos en que cada colección de cuartetos de uno estimulaba una todavía mejor colección del otro, proceso que culmina en los llamados “Cuartetos Haydn”, compuestos por Mozart como sincero homenaje a la forma de escribir cuartetos que Haydn desarrolla y todavía hoy consideramos la forma “moderna” de componerlos». (Enrique Blanco).

Las disonancias pertenece a la serie de cuartetos dedicados a Joseph Haydn, también conocido como el «padre del cuarteto de cuerda», colección que refleja la profunda admiración y respeto de Mozart por su contemporáneo y mentor. En cuanto a aspectos estilísticos, en esta serie de cuartetos se pueden apreciar consideraciones de composición basadas en la moda del momento. Por ejemplo, Mozart no se decide por una melodía acompañada ni por una estructura contrapuntística, como pedía la época, sino al contrario. Contemplamos una gran variedad de texturas, desde la homofonía al contrapunto, una gran riqueza de figuras prácticamente temáticas, entre otros elementos. Inevitablemente, el título del mismo conjunto de estas piezas nos lleva a entender que alberga esas llamativas armonías presentes en el primer movimiento, atrevidas para la época. No son pocos los editores que han llegado a retirarlas de la partitura, y otros intérpretes a aligerar el tiempo del Adagio, considerando que serían ofensivas para el público.

Cecilia de Leyva

No son pocos los editores que han llegado a retirarlas de la partitura, y otros intérpretes a aligerar el tiempo del Adagio, considerando que serían ofensivas para el público.

A través de su belleza atemporal y su innovación audaz, el Cuarteto de las disonancias de Mozart sigue cautivando a oyentes y músicos por igual, sirviendo como un testimonio perdurable del poder transformador de la música clásica, a través de una intensa expresividad lograda puramente con recursos bien sencillos.

    Cecilia de Leyva